lunes, 10 de marzo de 2008

FELIZ CUMPLE NORBERTO!!!!!!!!!!


El finde se hizo un homenaje en Rosario y hoy cumpliría unos 58 pirulos. Levantamos una cerveza en su nombre por haber sido tan único, tan autentico y por seguir emocionándonos con su música. Dejo para compartir un guión reducido que alguna vez escribí luego de su muerte y fue una de las últimas materias para recibirme de locutora. La mesa cayó justo un 10 de marzo de 2005, días después de su partida.

Cuando la madrugada del 25 de febrero de 2005 me entere de la muerte de El Carpo, se me cruzaron miles de cosas. Se iban muchas cosas y pensarlo era como sacarle el jugo a una piedra. Con él se fue una parte del corazón de muchos: el de Flor (su mujer), Liliana (su hermana), Luciano (su hijo), los más cercanos. Y el alma de La paternal, su refugio en vida... su escondite de naúfrago soñador con melodías en las manos. Morada donde su vieja le preparo picadas cuando ensayaba a los 17.

Tenía 54 años y 35 de carrera autodidacta. Azul y rojo de alma, Roberto Anibal Napolitano nació un 10 de marzo de 1950. Tocó con la 1º formación de los Abuelos de la Nada. Después en la Conexión Nº 5 de Carlos Bisso, donde comenzó su masividad exitosa. A fines del 68’ ingresó un nuevo sonido y estética a Los Gatos que, en ese momento, eran los mas populares. Participó también en la recordada Pesada del Rock and Roll y fugazmente en Manal. En 1970 forma su 1º banda: Pappo’ Blues con David Lebón y Black Amaya (ahí sacaron 7 discos en 10 años). Cuando se disolvieron, Aerosblues fue experiencia fugaz con Alejandro Medina y Castelo.

Nunca dejó de viajar a EEUU y Europa, especialmente a Inglaterra, donde incorporó tendencias y escenarios con grandes con Peter Green y Lenny Kilmister, bajista de lo que después sería Motorhead. Al volver a Bs As, formó su 2º agrupación exitosa: Riff, con Michel Peironel, Héctor Boff Serafine y Juan García Haymmes. Riff marco el antes y después del rock en la Argentina de los 80’. Pero después de presentar “Pacto Diabólico”(en 1987), Pappo se instaló en Los Ángeles y formó una nueva banda bautizada “The Widow Maker” (el hacedor de viudas), con la que viajo por toda América del Sur y 24 ciudades de EEUU.

En 1992 grabó Blues Local con una nueva formación: Black Amaya en batería, Miguel Botafogo en guitarra, Luis Robinson en armónica y Pato Frasca en teclados. A fines de ese año tocó por segunda vez con BB King en el Madison Square Garden de New York y teloneó a los Gun’s and Roses en River. Parte de esa gira se edita en el disco “Pappo sigue vivo”. Y en el 95’ vuelve con Pappo’s Blues presentando “Caso Cerrado”.

Lo admiraron muchos artistas y algunos de ellos grabaron “Pappo y amigos”: Andrés Calamaro, Moris, Alejandro Medina, ANIMAL, Juanse, Almafuerte, Botafogo, Birabent y hasta su hijo Luciano. Su último trabajo discográfico salió en el 2003 cuando había decidido dejar la música, al no encontrar sello discográfico que editara su material. “Buscando un amor” es un clásico de rock and blues y hits. El Bolsa González en batería, Julie Ruth en bajo, Luis Robinson en armónica y Nico Rafetta en teclados. Gladiador de mil arenas, salió a escena una vez más.

Nunca voy a olvidar la última vez que vino a Santa Fe, a Regatas, en el 2004. Dicen que los pingos se ven en la cancha y Pappo lo sabía. Nunca vi un espectáculo con tanta adrenalina y magia en tablas. Aún sin estadio lleno, a la gente le sobraba la inteligencia para elegir su show. Hablé con él minutos antes que tocara y sentí un ruido en la panza de los que te hacen sentir que te quedas sin aire cuando ves a alguien venir. Y te quedas sin voz cuando lo escuchas, cruzando una barrera donde sacas fuerzas de donde no tenías y sos periodista.

Desde la boina hasta los zapatos, el cuero y las tachas marcaban su historia con la música. Bajo de un taxi y entró por la puerta principal del lugar. Me miró con crudeza y alcancé a lanzarle una sola pregunta, antes de quedar sin palabras. La recogió con instantánea respuesta, colmada de contundencia. Y se fue. Vaya locura la que portaba con todo lo que tenía para decir.

Entre aplausos y nubes de humo recogió, después, un repertorio con modelos de rock clase 55’ junto a los de los 80’. El público atravesó diferentes estados, atmósferas distintas. Hubo canto, aplausos y atención en cada acorde que desprendían las manos del maestro. “Esto recién termina”, dijo el Carpo. “Esto nunca termina”, le contestó un fana desde un rincón. Y todos reímos. Es que suena bien y la gente lo acompaña como cuando tenía 20 años.

Su forma de tocar, su pasión y amor por el rock puro y clásico. Su verborragia en escenario y particular voz. Su faceta de actor e imitador de Edmundo Rivero entre amigos. Sus Quilmes Rock, San Pedros y recitales en toda la Argentina. Su vuelta al Cosquin Rock con Riff y Pappo’s Blues para que deliraran miles con cada uno de sus rasguidos. Las peleas con el Flaco Spinetta, con Charly y demás. Y hasta su idea de tocar en el Valle de la Luna, lo más cerca del infinito, donde su vieja lo esperaba.

Los grandes nunca se van, pero para mí -y para muchos- no es lo mismo. Ahora es recuerdo del ayer. Murió Pappo, loco. Se desprendió de la tierra con todas las de la ley: entregado a la velocidad de su debilidad motoquera. Una manera noblísima de matarse sin morir, para que lo lloren los que lo amaron de verdad. Que su alma esté en paz, junto a su vieja, por los siglos de los siglos. Y que no deje de tocar en la eternidad imaginaria del más allá. Nos enteraremos cuando nos toque el turno. O cuando brille junto a Jimmy Hendrix, Willie Dixon. Albert King, Steve Rave Bogan y Chuck Berry feliz... feliz de ser la única viola que faltaba en el cielo.

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